La samba llegó a las ciudades a finales del siglo XIX y adquirió popularidad internacional de 1920 a 1930. En la década de 1960, sus melodías, armonías y ritmos se vieron muy influenciados por un nuevo ritmo con tintes de jazz, la bossa-nova. Algunos de los autores más célebres de sambas son los brasileños Chicinha Gonzaga, Ernesto Nazareth, Tupinamba o José Barbosa da Silva. Dentro de las corrientes más actuales destacan Vinicius de Moraes, Milton Nascimento, Chico Buarque y Maria Bethania. En sus letras suelen evocar el suave clima y la belleza y sensualidad del litoral brasileño. El ritmo de la samba también ha servido de inspiración para algunos compositores de música seria, como la suite para dos pianos Scaramouche (1939) del francés Darius Milhaud. La Samba tiene sus orígenes en Brasil, donde es el baile nacional. Algunas versiones de la Samba -desde Baion hasta Marcha- son bailados en el carnaval de Río. Para conseguir el carácter real de la Samba, el bailarín tiene que jugar con la chica y mostrarse muy exuberante. Muchas de las figuras usadas actualmente en la Samba requieren un preciso movimiento de la pelvis. Esta movimiento es muy difícil de poder hacerlo, pero sin él, la Samba pierde toda su gracia. Antes de 1914, este baile era conocido con el nombre Brasileño "Maxixe". Los primeros intentos de introducir la Samba en Europa datan entre 1923 y 1924, pero no es hasta acabada la Segunda Guerra Mundial cuando la Samba llega a ser popular en Europa. La Samba tiene un ritmo muy específico conseguido por algunos instrumentos característicos de Brasil: tamborim, chocalho, reco-reco o cabaca.
Sin duda, uno de los bailes latinos más populares. Con la Samba vienen a la mente las imágenes tan difundidas de los carnavales de Río, de los largos desfiles, de las comparsas moviéndose al ritmo de esta música y, como no, de las reinas del carnaval, con esos espectaculares sombreros y esos increíbles cimbeos de cadera. La Samba que puede verse en las competiciones de baile es diferente a la Samba brasileña. Se baila a un ritmo más lento que la original ( aún así, a 50 compases por minuto, que no es poco) lo que permite pasos más largos y un mayor desplazamiento sobre la pista. Pero esta Samba conserva todo el carácter festivo de su hermana mayor. En ningún otro baile se ha de dar, por parte de la pareja, una mayor sensación de estar disfrutando con él y, por supuesto, los movimientos de cadera son imprescindibles , por muy nórdicos que sean los bailarines.
